Algo más que reciclar

¿Os acordáis de las “R”? Rechazar, reducir, reutilizar y reciclar. Ahora que por fin, poco a poco, cada vez más gente toma consciencia de lo que supone la generación de residuos a la que llegamos, en la TV nos ponen anuncios de “recicla envases” y en las tiendas y supermercados nos venden bolsas muy reutilizables o bolsas de plástico reutilizables “hasta 15 veces” (aunque luego nos obligan, en ciertos establecimientos Carrefour cof cof ejem, a usar bolsas de plástico para frutas y verduras sí o sí, y encima NADA reutilizables porque nos las cierran con el celo indestructible de la etiqueta del precio; o también nos animan a no contaminar pero luego nos dan veinte mil tiques, en vez de operar de forma digital).

Un avance hay, no se puede negar. Mucha gente se queda con el hábito de ir con bolsa reutilizable a comprar, eso ya es un ahorro de bolsas de plástico. El pequeño problemitilla es que los sistemas de reciclaje aún dejan mucho que desear. Yo soy la primera que todo el plástico, en cualquier forma, lo tiro al contenedor amarillo “por si acaso”. Pero pocas cosas llegan a reciclarse, básicamente el plástico “duro”. Y no todo el papel que se tira al contenedor azul se recicla, ya que el que está sucio tampoco lo reciclan. Lo que no se recicla, se quema; así que más CO2 para la capa de ozono…

Bueno, no es nuestra culpa, nosotros sólo podemos exigir mejoras pero no aplicarlas (salvo si somos uno de los cerebritos encargados de innovar en el sector de la gestión de residuos). ¿Eso significa que no podemos hacer nada? ¡En absoluto! Las R están ordenadas: reciclar es el último de nuestros recursos. Antes de eso, se reutiliza. Antes de eso, se reduce. Antes de todo, se rechaza.

Reciclar, aunque a veces no lo parezca a juzgar por la pereza que yo misma veo a mi alrededor, es facilísimo. Lo que de verdad supone un cambio de mentalidad, de hábitos, son las otras tres erres. Y en torno a eso gira eso mi vida desde hace un año: en tener en cuenta cada decisión que tomo a la hora de consumir. «¿Lo necesito?, ¿tengo ya de esto?, ¿he exprimido al máximo lo que tengo?, ¿lo voy a usar mucho?, ¿de qué está hecho?, ¿quién lo ha hecho?, ¿cómo lo reutilizaré o reciclaré después?», y muchas más preguntas dependiendo del contexto («¿está testado en animales?, ¿es muy tóxico y contaminante?»).

Así empieza el ciclo, rechazando lo prescindible, lo repetido, lo altamente tóxico y contaminante. ¿Me hacen falta globos para ser feliz el día de mi cumpleaños? No. Pero ¿mejora mucho la fiesta? Que no, tampoco. Pues fuera, una cosa menos en mi vida, algo que contamina, tanto el producto en sí como el envoltorio (plásticos que no se reciclan, se incineran). ¿Quiero una bolsa para llevarme el zumo y las galletas a casa, ya que me he olvidado la mía? No, lo puedo llevar en la mano perfectamente. ¡Otra cosa menos! ¿Necesito de verdad comer mermelada? ¡STOP! Aquí estamos cruzando la línea de lo superfluo, la de rechazar, y entramos en la de reducir. Vale, sí, quiero mermelada y no supone ningún gran impacto medioambiental en sí, pero ¿hace falta que sea en minidosis de plástico? ¡¡Nooorl!! Ahí es cuando pasamos de consumir 15 vasitos de plástico a un solo bote de cristal con una tapa metálica. «Ya, pero es que a mí me apetece muy de vez en cuando y se me pasa». Muchachos, por suerte, hoy día hay formatos muy pequeños de botes de mermelada, solo hay que buscar un poquín; bien cerrados en la nevera os durarán mucho. 🙂

Nunca había tenido escurridor de esponjas, hasta que se me encendió el chip del reto #ResiduoCero y empecé a verle una nueva vida a todo.

Nunca había tenido escurridor de esponjas, hasta que se me encendió el chip del reto #ResiduoCero y empecé a verle una nueva vida a todo.

En esto del rechazar y reducir, en el campo de la alimentación, hay un mar. Se trata del asunto de gestionar bien la compra, a fin de que no se te acabe pasando la comida. Primero porque malgastar recursos, con la de gente que hay clamando que es imposible alimentar a todo el planeta, es de traca; segundo, porque muchos de esos alimentos, por desgracia, te habrán llegado en un envase, y envase habrá tenido una vida INÚTIL. Contaminar por contaminar. El residuo por el residuo, por capricho. Si me he decidido a comprar ensalada envasada (cada vez lo entiendo menos), lo mínimo sería calcular bien si te la vas a acabar o no y cuándo, para no tirarla y para no coger de más (y tirarlo también).

Otros ejemplos claros y pequeños de rechazar:
-Di adiós a las pajitas para beber, para siempre jamás. Son un invento del demonio, muy peligrosas en la naturaleza (los animales se las tragan o se las clavan). Bebe como un adulto capaz.
-No aceptes publicidad impresa en mano por la calle
-Acuerda con tus vecinos rechazar el correo comercial
-¿Chicle? Mejor un caramelo, que lo gestionas enterito en el estómago
-¿Móvil nuevo? ¡El que tienes está a años luz de no servir!
-Que no te envuelvan los medicamentos en papel (ni le pongan celo) en la farmacia (y ¡no cojas bolsita diminuta)
-Frutas o verduras envueltas en plástico, en estas bandejitas de forexpan: DALES MUERTE

Otros ejemplos claros de reducir:
-Compra 2 camisetas al año, en vez de 2 por cada temporada
-No dejes correr el agua si no la utilizas
-No vayas dejando luces encendidas por casa si no las usas en un buen rato
-Mejor un helado de tarrina grande que 8 conitos, cada uno con su envoltorio y su palito de madera/plástico (ay, incluso escribiendo sobre ellos me dan grima esos palos… siempre los he cogido con una servilleta o con el plástico del envoltorio; no soporto la madera porosa, me da grimitaaa).
-¿Veinte sobrecitos de azúcar, empaquetados en una caja de plástico, en vez de un solo paquete de papel?

Ejemplos de reutilizar:
-Esas camisetas que no puedes ni regalar de lo estropeadas que están, conviértelas en trapos y consigue un combo: reduce la compra de trapos (que sueltan mucha microfibras sinteticas que estan contaminando el mar y, como siempre, vienen envueltos en plástico no reciclable).
-Los botes de vidrio pueden servirte como hucha, como bote para el aceite de cocinar usado, como tupper, como recipiento para comprar cosas a granel; o, sin la tapa, te pueden servir como ceniceros, como floreros…
-Ese cubito de bolitas de mozarella que no has podido evitar, puede ser tu nuevo escurridor de esponja (si no tenías; o el de tu amig@, si no tiene).

Para reciclar:
Os recogí una chiquiguía aquí hace tiempo.

En fin, espero que poco a poco más gente se plantee una vida mucho más sostenible. Es un acto egoísta y generoso a la vez, ya que nos beneficiamos todos de ello: grandes, pequeños, asiáticos, latinos, animales, plantas… y la Tierra no nos va a aguantar mucho más nuestras mandangas. ¿Qué otros trucos tienes tú para consumir y aprovechar mejor los recursos? 😉

https://youtu.be/lm8oxC24QZc
Esta canción siempre me hace pensar en este tema… os la dedico con mucho cariño, es preciosa.

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