Palabras para Cisco

En mi colegio, casi en cada clase había un niño con algún tipo de discapacidad mental. A ninguno nos ha ido mal en la vida o, por lo menos, NO POR ESO. Tener a un compañero con este tipo de diferencias te enriquece.

Hace poco leí esta noticia:

Padres se unen para echar de dos colegios a niños con diversidad funcional

Dos casos muy similares aunque sin relación entre sí han sacudido recientemente sendos colegios de Málaga y Pontevedra. Varias familias de estos centros han puesto a sus hijos en huelga -no iban al colegio- para forzar el traslado fuera de sus centros de otros dos menores que, según estos padres, entorpecían las clases e incluso llegaban a poner a sus vástagos en peligro.

http://www.eldiario.es/sociedad/Padres-colegios-centros-ninos-discapacidad_0_475603143.html

Os dejo el enlace de la noticia entera.

Olé, señores, seguramente ya habréis marcado a vuestros hijos con la discriminación hacia aquellos que son diferentes. Ya les habéis inculcado las ganas nulas de conocerlos, entenderlos y quererlos.

Mi Cisco ^^

Mi Cisco, en las colonias de 5º de EGB, con Gemma (su tutora en el viaje) ^^

Mi colegio, el de primaria, tenía una estrecha relación con otro íntegramente de educación especial. Cada miércoles teníamos “Talleres”, una de las asignaturas favoritas de todos (manualidades, etc.), y muchísimos trimestres los hacíamos de manera conjunta: íbamos andando hasta su colegio y hacíamos la asigmatura allí, todos juntos. Creo recordar que nadie nunca salió herido, ni traumatizado, ni asqueado. Era un rato agradable,un buen momento. Además hacíamos olimpíadas con ellos y dos colegios más de la zona y, como se dice en mi tierra, ¡cap problema!

Dentro del saber que no eran iguales que nosotros, tampoco los sentíamos tan diferentes. Eran los niños y chavales que veíamos cada día, eran nuestros compañeros. Sí, claro que sabíamos que tenían mayores dificultades para aprender, por eso nos educaban para tener paciencia con ellos, ser comprensivos… En el caso de los niños integrados en nuestra clase, cada uno tenía su monitora especial y seguía su ritmo. En mi caso, mi compañero era Cisco (en catalán se pronuncia “Síscu”). Mi Cisquillo. Pablo, otro de la clase, y yo éramos los más cercanos a él, y él lo notaba y éramos sus mejores amigos. Cisco a veces lanzaba un grito en clase. Y siempre se le oía hablar de fondo con su tutora (Mariona… siempre he amado a esa mujer y siempre la amaré, a pesar de que haga ya 10 años que no tenemos contacto ninguno). Ése, sin duda, no era el problema de atención de nadie. Cisco algunas veces se echaba al suelo con una pataleta. Cisco a veces se enfadaba mucho muchísimo, como un niño pequeño, y hacía aspavientos (¿quizá alguien se llevó un minigolpe?). Ni él, ni Alex, ni José, ni Ana (niños de otros cursos) eran peligrosos, ni entorpecían la enseñanza de nadie.

Ana, con una discapacidad muchísimo más leve que Cisco, repitió sexto y se convirtió en compañera nuestra en el último año antes de pasar a la ESO. Todavía recuerdo cuánto me encantaba cuando le tocaba leer en voz alta en las lecturas colectivas. Creo que a todos nos gustaba, era la que mejor lo hacía: no he vuelto a ver a nadie que le pusiera tanta pasión y tan buena entonación y pronunciación en todo. Era una crac. Tenía otras dificultades, pero en eso era la mejor. Si no recuerdo mal, creo que también se le daba bien dibujar. O le gustaba mucho. No me acuerdo, ya han pasado 16 años.

También recuerdo claramente la voz de mi Cisco, su risa, sus bromas… sus abrazos, dónde vivía… Cisco vivía en un centro con otros niños que también habían sido rechazados por sus padres. De su familia, con la única que tenía contacto era su tía. Pero su familia eran sus cuidadoras, su tutora y las personas del colegio: niños, profesores, monitores… Recuerdo dónde vivía porque fui la que se encargó de llevarle una tarjeta y un gorrito de Papá Noel que le regalamos entre todos unas Navidades, porque estaba enfermito y faltó a clase unos días. Y recuerdo que su cumpleaños era el día de la Mercè (24 de septiembre). Y recuerdo que murió un 30 de marzo, hace ya 10 años. Cisco, como muchos niños como él, sufría mucho de problemas respiratorios (como cuando fui a darle la tarjeta de su clase), y murió por una complicación respiratoria. Por cierto, Cisco se vino con casi todos los de su clase al instituto, y al bachillerato. Él seguía con sus colores y sus dibujos y nosotros seguíamos aprobando y suspendiendo por motivos totalmente ajenos a él.

Haber tenido la grandísima oportunidad de convivir con Cisco y los demás niños me ha ayudado a ser más sensible con gente con diversidad funcional (como se dice hoy en día). Todos mis novios y varias amistades se han sorprendido más de una vez cuando hemos vivido o visto un episodio extraño y yo lo he resuelto con algo tan fácil como “bueno, es que esa persona tenía cierta discapacidad” (lo cual, a menudo, se traduce en cierta dificultad para comunicarse con el grado de diplomacia normalmente deseado, por ejemplo). Y se quedan “¿ah, sí?, ¿cómo lo sabes?”. Se lo noto en la mirada, en los gestos, en cómo hablan…

“¿Y qué?”, os preguntaréis. Pues nada, eso más que me llevo, esa capacidad de comprender a alguien que en un principio parecería que simplemente es un borde o un rarito, esa paciencia que tengo, ese CARIÑO que puedo sentir por ellos, porque en ellos siempre veo un trozo de Cisco, o de Clàudia, la chica que iba a la clase de mi hermano y que sigue invitándolo a sus cumpleaños, año tras año.

Sin duda, quien dice que esos niños pueden ser peligrosos o atrasan el ritmo de la clase es que no conocen muy bien la situación, no saben que quizá su hij@ tiene otros problemas que no lo dejan concentrarse, que quizá en el colegio no se les inculca los valores necesarios y usan de excusa al alumno diferente para sus propias adversidades. Los niños que de verdad pueden ser peligrosos, aparte de que suelen serlo para ellos mismos (son más autolesivos que agresivos), no van a los colegios a los que van la mayoría, van a centros especiales. Y, en el caso de que de veras alguno de esos dos niños a los que les han provocado un infierno fuera un peligro, tendrían que haber sido el mayor de los ejemplos para sus hijos y exigir otro tipo de medidas (¿un monitor mejor preparado?, ¿un espacio preventivo —que no marginal— para él en el aula?, ¿más actividad física para que se desahogue?… mil cosas podrían haber consultado con un buen pedagogo o profesor de educación especial).

A esos padres que lograron echar a uno de esos inocentes de su colegio, les digo: no sabéis lo que le acabáis de quitar a vuestros hijos. Porque, según vosotros, quizá ahora sacarán un 7 en vez de un 6’5, pero habrán perdido la posibilidad de desarrollar una sensibilidad especial con las personas, y no sólo con aquellas con diversidad funcional, sino también con cualquiera que pase por un problema emocional, o que se tope con una dificultad en la vida… Además, les habéis enseñado a pisotear, a avasallar a un inocente… no sé cómo luego esperaréis que luego se conviertan en buenas personas, justas, honestas. Desde luego, gracias a vosotros dudo que lo sean.

T’ho dedico, Cisco. Cada any penso en tu, mínim, dos cops. Culleres i tolon tolon!!

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